Reliquias misteriosas. El milagro de la sangre

En Madrid todavía existen lugares en los que parece que el tiempo se ha detenido, son remansos de paz en los que no existe el estrés ni el bullicio de la ciudad. Estos lugares son poco más de treinta conventos y monasterios que, como pequeños oasis, se encuentran diseminados por toda la ciudad.

Uno de esos remansos de paz es el Real Monasterio de la Encarnación, un fantástico convento de monjas agustinas recoletas. Fue fundado en 1611 por la esposa de Felipe III, la reina Margarita. Desde su fundación, ha estado muy vinculado con la realeza y la nobleza, además, su cercanía al desaparecido Alcázar, hoy Palacio Real, hizo que este lugar fuese el elegido para la celebración de funerales de Estado de monarcas y personas vinculadas a la Casa Real durante los siglos XVII y XVIII.

El monasterio es de los más ricos e importantes de Madrid, sólo superado por el de las Descalzas Reales. Aunque a lo largo de los siglos ha sido reformado en varias ocasiones, el convento conserva íntegros el claustro principal, el coro y el relicario, que es una sala excepcional por la riqueza de las piezas y sus singularidades. Destaca también el salón de Reyes que atesora una importante colección de retratos de los fundadores y personas reales emparentadas con ellos.

Su arquitectura es obra de Francisco de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios, es un modelo del estilo de los Austrias posterior a la construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y el interior de la iglesia fue redecorado bajo el reinado de Carlos III, entre 1765 y 1775 por Ventura Rodríguez en estilo neoclásico, aprovechando las grandes pinturas de Vicente Carducho en los tres altares.

Tanto la iglesia como el monasterio atesoran infinidad de obras de arte, pero también un rico patrimonio místico y misterioso que se puede contemplar si se visita el monasterio. Allí se encuentra una impresionante cripta repleta de pared a pared de relicarios que contienen infinidad de restos humanos y de gran parte del santoral. Cráneos, pelo, dientes, órganos, dedos... La colección de reliquias (más de 700) es impresionante pero, de todas ellas, hay una que es realmente singular por tratarse de un milagro para los creyentes o por tratarse de un fenómeno curioso para los no creyentes, se trata de la sangre de San Pantaleón, que se conserva en una ampolla relicario y que todos los años, durante los días 26 y 27 de julio, festividad del santo, pasa del estado sólido a líquido sin que todavía nadie haya podido dar una explicación lógica a este fenómeno.


monasterio-encarnacion8760copia2.jpg


El origen de la sangre

San Pantaleón fue un médico nacido en Nicomedia en el siglo III al que se le atribuyen diversos milagros, entre ellos la resurrección de un niño. Por su fe cristiana fue sometido a un cruel martirio hasta que finalmente fue decapitado un 27 de julio del año 305. Cuenta la tradición que tras su muerte, un grupo de cristianos recogieron parte de su sangre y la conservaron para su veneración.

Siglos más tarde, casi desde la misma fecha de la fundación del Real Monasterio de la Encarnación, la priora del convento, Aldonza del Santísimo Sacramento, hija de los condes de Miranda, recibió como obsequio una porción de la sangre del santo procedente de un monasterio de Ravello (Italia). Desde entonces, la sangre de San Pantaleón se custodia en este monasterio.

El fenómeno

La supuesta sangre de San Pantaleón se guarda en un relicario en cuyo interior hay una ampolla de cristal. Dentro está la sangre en estado sólido, similar a una especie de costra de color marrón oscuro. Así se mantiene durante todo el año hasta el día 26 de julio, que es cuando comienza a producirse el curioso proceso de la licuefacción, un fenómeno que ocurre a la vista de todo el mundo y, aparentemente, sin intervención humana alguna, pues la ampolla se expone en la iglesia a la vista de todos. Este supuesto milagro congrega a muchos fieles y a muchos curiosos por lo que la iglesia recibe numerosas visitas que en algunos momentos del día logran abarrotar la iglesia.

Antiguamente, la reliquia podía ser contemplada de cerca e incluso ser besada por los fieles. Este acercamiento de la reliquia a los fieles se dejó de hacer porque un día de San Pamtaleón, a una mujer se le cayó de las manos y la reliquia se estampó contra el suelo sin que, quién sabe si por un milagro, se rompiese la ampolla, por este motivo, desde hace unos años, la reliquia se mantiene a la vista de todo el mundo en el altar, muy pocos pueden acercarse, por esta razón existe un circuito cerrado de televisión que emite las imágenes de todo el proceso in situ. Pasada la festividad del santo la sangre poco a poco vuelve al estado sólido y nuevamente es trasladada a la cripta de las reliquias.

Hay una leyenda popular relacionada con este fenómeno que asegura que si no ocurriese el milagro de la licuefacción sería el anuncio de un terrible acontecimiento, hay quien dice que sólo ocurrió en dos ocasiones, durante la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, algo que hasta ahora nadie ha podido verificar.

El Real monasterio de la Encarnación y su rico patrimonio cultural es una joya de Madrid que todavía guarda muchos misterios esperando a ser descubiertos, no sólo el milagro de la sangre, también su subsuelo podría darnos en el futuro más de una sorpresa pues existe la certeza de la existencia de pasadizos que antaño comunicaban directamente con el viejo Alcázar de Madrid y ¡quién sabe lo que se puede encontrar en ellos!